Las negociaciones entre Washington y Teherán no tienen fecha de vencimiento propia. La tienen cuando Donald Trump lo decida. Así lo dejó en claro el vicepresidente JD Vance en una entrevista exclusiva con The Daily Wire durante la semana del 21 de junio de 2026, en el marco de conversaciones cuadrilaterales entre Estados Unidos, Irán, Pakistán y Qatar celebradas en Suiza.
«Vamos a seguir hablando mientras el presidente nos diga que lo hagamos», afirmó Vance. «Cuando el presidente diga que paremos de hablar con los iraníes, pararemos».
El contexto es explosivo. El alto el fuego entre EE.UU. e Irán se derrumbó la semana previa a esa entrevista —es decir, en los días anteriores al 21 de junio de 2026— después de que Irán atacara embarcaciones comerciales en el Estrecho de Ormuz. Teherán también anunció que volvía a cerrar el Estrecho, esta vez citando ataques israelíes en Líbano. Trump declaró muerto el memorándum de entendimiento y el cese al fuego, llamó a los líderes iraníes «escoria» y «gente enferma», pero autorizó que las negociaciones continuaran.
Vance defendió el MOU original ante quienes lo criticaron desde el principio: «Siempre me pareció un poco curioso. Había tanta crítica al MOU, muchas veces antes de que la gente hubiera leído siquiera el texto. Y lo que estamos encontrando es que el MOU fue en realidad un muy buen trato para Estados Unidos, porque los iraníes están teniendo dificultades para cumplir incluso su primer y más importante término: que el Estrecho de Ormuz debe estar abierto durante la negociación».
El vicepresidente explicó que mantener abierto el Estrecho fue una «extracción» que EE.UU. exigió antes de sentarse a la mesa, y que Irán la concedió. «Cuando haces un trato con Estados Unidos, tienes que honrarlo. Y si van a disparar a los barcos, nosotros vamos a disparar de vuelta».
Sobre los ataques militares en curso, Vance fue preciso: cada golpe responde a un objetivo concreto, centrado en garantizar el flujo libre de petróleo y gas en la región. «Eso es lo que hace fundamentalmente ahora mismo: asegurarse de que el comercio marítimo, el libre flujo de petróleo y gas, ocurra en esa región del mundo, porque los beneficios finalmente llegan al pueblo americano».
Y sobre el programa nuclear iraní, el vicepresidente fue directo: «Ya hemos destruido el programa nuclear de Irán. Podemos tomar más acciones, pero estamos en una situación en la que tenemos mucha opcionalidad».
Que no te lo cuenten. Lo que está en juego en el Estrecho de Ormuz no es retórica: es el precio de la energía global, la cadena de suministro y la credibilidad de quien traza una línea roja y la sostiene. La postura de Vance —negociar mientras haya voluntad de negociar, actuar cuando el adversario viola lo pactado— es exactamente lo contrario del multilateralismo sin consecuencias que durante años dejó a Irán enriquecerse y armarse sin costo real. Aquí el principio es simple: los acuerdos se cumplen o se pagan. El relato de que EE.UU. estaba atrapado en otra guerra sin fin se cayó solo cuando Vance explicó que cada strike tiene nombre y apellido de objetivo.



