El vicepresidente JD Vance confirmó una investigación «exhaustiva» sobre el ataque estadounidense a una boda en Irán. El bombardeo dejó cuatro muertos, entre ellos un niño de cuatro años. También hubo 68 heridos, según cifras oficiales iraníes. De ellos, 50 quedaron hospitalizados.
El ataque ocurrió el martes por la noche. Los proyectiles alcanzaron una vivienda en el pueblo de Kuhestak, en la provincia de Hormozgan. Allí se celebraba una boda.
Vance fue directo en la Casa Blanca. «Estados Unidos nunca ataca a civiles durante los combates», dijo. «Jamás lo haremos. Nunca lo hemos hecho». Pero admitió algo más: «Lamentablemente, es evidente que a veces ocurren incidentes».
Trump respaldó la línea de su vicepresidente. Dijo que no hay «información concluyente en un sentido u otro». Y prometió aprender del error, si lo hubo. «Nuestro Ejército aprende de ellos para tratar de mejorar», explicó.
Teherán no se quedó callado. El ministerio de Exteriores iraní calificó el bombardeo como «brutales crímenes de guerra». Lo comparó con ataques previos en Minab y Lamerd. Según el régimen, en Minab murieron 168 estudiantes y profesores. En Lamerd, 21 personas.
El Pentágono, por cierto, sigue investigando lo de Minab desde julio. Eso también quedó confirmado por la Casa Blanca.
La guerra entre Irán y Estados Unidos cumplió seis meses esta semana. Y se intensificó. Los ataques estadounidenses golpearon cinco provincias iraníes. Dejaron casi veinte muertos. Teherán elevó el jueves su recuento total: 18 muertos y 142 heridos por los bombardeos recientes.
Vance también fue escéptico con la cobertura de los medios estatales iraníes sobre estos hechos. No es un detalle menor.
Aquí está la diferencia que importa. Washington investiga, admite el error posible y lo dice en una rueda de prensa abierta. La Guardia Revolucionaria, la misma que Vance señaló como referencia de comparación, no rinde cuentas a nadie. El régimen que hoy grita «crímenes de guerra» construyó su poder sobre represión interna documentada durante décadas.
Eso no borra el dolor de una boda convertida en tragedia. Un niño de cuatro años murió. Eso es un hecho, y pesa. Pero la doble vara está clara: un país abre expedientes y explica sus errores ante cámaras; el otro exige explicaciones que nunca da sobre los propios. Que no te lo cuenten como si fuera lo mismo.



