El vicepresidente JD Vance salió al frente esta semana para defender la diplomacia de la administración Trump con Irán y poner su nombre en el resultado. «Si quieren hacerme responsable del esfuerzo para tratar de llevar esta guerra a una conclusión exitosa, estoy feliz de que me hagan responsable», declaró en entrevista con Fox News el miércoles por la noche.
No hubo eufemismos. Vance reconoció que el proceso será irregular: «Va a ser desordenado y va a tomar algún tiempo llegar allí». La razón, según explicó, está en la propia arquitectura del poder iraní. «Los iraníes son personas extraordinariamente difíciles. Tienen un sistema fracturado: hay personas dentro de su sistema que quieren que la guerra termine, y también hay personas que son radicales locos y quieren que la guerra continúe».
Aun así, el vicepresidente fue categórico sobre el destino final: «Puedo decirles con confianza que va a terminar en un lugar que es bueno para Estados Unidos». Y enumeró las herramientas disponibles: «militares, económicas y diplomáticas».
En paralelo, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, afirmó que un acuerdo con Omán sobre el estrecho de Ormuz se encuentra en su «etapa final» de elaboración y que se emitirá una declaración conjunta «si ciertas partes no obstruyen este proceso». Según funcionarios regionales citados por Associated Press, negociadores iraníes y omaníes finalizaron un borrador que aguarda la aprobación final del ayatollah Mojtaba Khamenei. Las mismas fuentes señalaron que el entendimiento podría abrir el camino para retomar las negociaciones sobre el programa nuclear iraní.
El presidente Trump, por su parte, anticipó el martes que un acuerdo podría concretarse en cuestión de días: «Podría ocurrir. Mañana o pasado mañana. Se ha logrado mucho progreso».
El estrecho de Ormuz no es un detalle menor: por esa vía circulaba una quinta parte del petróleo y gas natural comercializado a nivel mundial antes del conflicto. Los precios del crudo Brent se ubicaron alrededor de los 80 dólares por barril, por debajo de los niveles registrados durante la escalada militar. Mientras tanto, los rebeldes hutíes de Yemen afirmaron haber lanzado misiles balísticos contra un petrolero saudí en el mar Rojo, aunque sin presentar pruebas. Y en el Líbano, el Ejército israelí realizó lo que describió como «ataques precisos» en el sur del país tras denunciar una violación del alto el fuego, mientras negociadores libaneses e israelíes se reúnen en Roma.
Eso es la realidad del tablero que Washington está navegando. Vance lo resumió sin adornos: un paso adelante, dos atrás, tres adelante. Lo que importa es el resultado final — y la administración Trump acaba de poner su credibilidad sobre la mesa. Que el mundo lo tome nota: aquí no hay relato de paz vendido por anticipado, sino presión sostenida con todas las herramientas disponibles. El libre flujo de energía global y la seguridad de los aliados en la región dependen de que esa apuesta salga bien.



