JD Vance fue directo. En declaraciones a Fox News el sábado, el vicepresidente de Estados Unidos afirmó que el país destruyó el programa nuclear iraní. También sus fuerzas convencionales. También sus capacidades asimétricas.
«Hemos destruido su programa nuclear. Hemos destruido su ejército convencional. Hemos reducido drásticamente sus capacidades militares asimétricas», declaró Vance. La frase no deja espacio a la ambigüedad.
Al mismo tiempo, el segundo del Ejecutivo reconoció que Irán todavía no cumplió todas las demandas de la administración Trump. Las negociaciones siguen abiertas. Vance dijo haber visto avances en los últimos días. Pero advirtió: si Teherán no está dispuesto a los cambios necesarios, Washington continuará sus operaciones. «Seguiremos ejerciendo la presión que podamos y extrayendo la mayor cantidad de petróleo y gas posible de Medio Oriente», afirmó.
El objetivo declarado es claro: precios más bajos de energía para los estadounidenses. Libre flujo por el estrecho de Ormuz. Nada de chantajes geopolíticos.
Porque del otro lado, Teherán no cede. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohamad Baqer Zolgadr, formalizó el sábado un pliego de condiciones a través de la agencia estatal IRNA. Sus términos: levantamiento del bloqueo naval, cese de sanciones, liberación de activos bloqueados, compensaciones por daños de dos guerras y retirada de fuerzas estadounidenses de la región. «Hasta que Estados Unidos no corrija su comportamiento, el estrecho de Ormuz no será abierto», declaró Zolgadr, según IRNA.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, añadió que solo habrá avances si Washington compensa las violaciones del Memorando de Entendimiento de Islamabad, firmado en junio. Araqchi confirmó además que Teherán y Omán están cerca de acordar un mecanismo jurídico para gestionar la navegación en el estrecho.
El relato del régimen es el de siempre: víctima, exigencia, ultimátum. La diferencia esta vez es que el aparato militar que respaldaba ese relato ya no existe en la misma forma. Vance lo dijo. Los hechos sobre el terreno lo sostienen según la fuente.
Lo que está en juego es el flujo energético global. El estrecho de Ormuz es una de las rutas más críticas del planeta. Cada día cerrado es un costo real para mercados, empresas y consumidores. La administración Trump lo entiende en clave de libre mercado: presión máxima, energía barata, sin concesiones al régimen. Que no te lo cuenten de otra manera.



