El relato se cayó solo. Adam Schwarze, veterano de la Marina y candidato republicano al Senado por Minnesota, denunció ante Fox News Digital que alguien utilizó su nombre para votar en persona en las elecciones presidenciales de 2012, cuando él se encontraba físicamente imposibilitado de hacerlo.
Según Schwarze, en ese momento estaba a casi 2.000 millas de distancia, en las montañas de California, cursando el BUD/S, el exigente programa de entrenamiento de los Navy SEALs. El propio candidato recordó que la mañana posterior a la elección, los instructores castigaron físicamente durante tres horas a los candidatos que no habían votado por correo, él incluido. «Nos sacudieron durante tres horas», declaró según la fuente.
Pese a ello, los registros del Departamento de Estado de Minnesota, revisados por Fox News Digital, indican que Schwarze votó en 2012. Los registros no especifican a quién supuestamente votó. El fraude salió a la luz de manera fortuita: un periodista lo cuestionó por afirmar que solo había votado por Donald Trump, y al revisar la base de datos oficial, Schwarze encontró el registro que nadie le había comunicado.
La historia no termina ahí. Los mismos registros señalan que una persona desconocida lo inscribió como votante el día de las elecciones municipales de Minneapolis de 2009, aunque su registro no quedó activo hasta el día siguiente a esa elección.
Schwarzе lanzó la pregunta que el aparato estatal no quiere responder: si le ocurrió a él, ¿a cuántos otros ciudadanos les han «votado» sin que lo supieran?
La oficina del Secretario de Estado de Minnesota, Steve Simon, respondió a Fox News Digital con una frase genérica: que «el sistema electoral de Minnesota está regido por amplias leyes estatales y federales para garantizar que sea honesto, seguro y preciso». Sin aclaración alguna sobre el caso concreto.
El dato estructural es este: Minnesota no exige identificación para votar. Schwarze sostiene que esa ausencia de requisito básico fue lo que hizo posible que alguien se presentara con su nombre en una mesa electoral sin ningún obstáculo.
Que no te lo cuenten. Un estado que lleva años acumulando escándalos electorales, que rechaza el ID para votar y cuya respuesta ante una denuncia concreta y documentada es un comunicado de relaciones públicas, no merece el beneficio de la duda. La identificación al votar no es supresión electoral: es el estándar mínimo que cualquier democracia seria aplica para proteger precisamente a los ciudadanos que, como Schwarze, podrían estar siendo suplantados sin saberlo. Cada voto fraudulento cancela el de un ciudadano legítimo. Eso no es un matiz ideológico; es aritmética electoral.



