Un video que se volvió viral el fin de semana pasado muestra a un aficionado de los Cubs golpeando en la nuca a un joven espectador que se negó a ponerse de pie durante el himno nacional en Wrigley Field, durante el juego Cubs-Twins.
El hombre detrás de la cámara es Robert «Bob» Chavez, veterano de Vietnam. Según declaró al medio TMZ, perdió la compostura porque varios de sus amigos murieron en la guerra, y antes de golpear al joven le explicó su condición de veterano y le contó esas historias. El joven permaneció sentado de todas formas. Chavez entonces le propinó el golpe en la nuca.
El clip recorrió internet en cuestión de horas. Las reacciones en redes, según reportó Daily Wire, tendieron a favorecer al veterano. «Si no quiere pararse, que se vaya», escribió un usuario. «Estoy harto de estos liberales», añadió otro.
Pero el video no contaba toda la historia. Chavez reveló a TMZ que, fuera de cámara, ambos se disculparon y llegaron a un entendimiento. El joven incluso le compró una cerveza y conversaron sobre lo que el himno representa para cada uno. Cuando el personal de seguridad llegó para expulsar a Chavez, fue el propio joven quien le dijo a los agentes que el asunto estaba resuelto y que no quería que nadie fuera expulsado.
La policía de Chicago confirmó a TMZ que está al tanto del video, pero subrayó que no se ha presentado ningún reporte policial y que no existe investigación activa.
Los Cubs emitieron un comunicado en el que señalaron: «Respetamos el derecho de los individuos a decidir por sí mismos, pero alentamos a cada aficionado a ponerse de pie, si puede, y a quitarse la gorra mientras se interpreta el himno». El equipo también indicó que su prioridad es la seguridad de los fans y que respetó la decisión del joven afectado de no tomar más acciones.
El golpe fue un error, y Chavez lo reconoció implícitamente al disculparse. Nadie tiene derecho a agredir físicamente a otro por ejercer una libertad, aunque esa libertad resulte ofensiva para quien sangró por defenderla. Eso también es América.
Pero la segunda parte del relato —la que el algoritmo no amplificó tanto— dice algo que vale la pena retener: dos hombres con visiones distintas sobre un símbolo nacional se sentaron, hablaron y se entendieron sin que ningún activista, ningún funcionario ni ninguna burocracia mediara. El relato de la polarización irreversible, esa vez, se cayó solo.



