La presidenta del Senado, Victoria Villarruel, autorizó este martes la participación virtual de la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti. La legisladora mendocina cursa más de 32 semanas de embarazo. Tiene restricción médica para viajar a Buenos Aires. Eso la dejó fuera del recinto.
La habilitación firmada por Villarruel establece que la presencia remota de Fernández Sagasti computará igual que la presencial. Sirve para quórum y para votaciones. La autorización es, según el propio documento, «de carácter individual, excepcional y transitoria». No modifica el reglamento de manera permanente.
Pero Patricia Bullrich no lo vio así. «Lo que hizo Villarruel es un mamarracho jurídico», disparó la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado. Fue directa: «En ningún lugar del reglamento dice que una persona puede votar de manera virtual». Y agregó que Villarruel «no es nadie para autorizarla» y que «no puede cambiar el reglamento de la Cámara».
Bullrich recordó que el voto remoto solo se habilitó durante la pandemia. Fue por un tiempo acotado. Fue una situación excepcional. Hoy, dijo, «la única manera de votar es presencial». Para cambiar eso hace falta un proyecto. Hace falta la aprobación de los dos tercios del cuerpo. Nada de eso ocurrió.
La senadora libertaria fue más lejos. Acusó a la vicepresidenta de favorecer a la oposición en el debate sobre la Ley de Tierras. «Está militando para el kirchnerismo claramente», sostuvo. Confirmó además que este miércoles visitará a Villarruel en su despacho.
La sesión donde se discutirá el proyecto de propiedad privada y el nuevo tope a la venta de tierras a extranjeros está pactada para este jueves. Según senadores de distintas bancadas consultados por Infobae, el debate dejó de ser técnico. Es político. Legisladores de la UCR, el PRO y bloques provinciales creen que el oficialismo no defendió bien el proyecto. La habilitación de Fernández Sagasti sumó incertidumbre al conteo de votos. Algunos aliados antes firmes ahora dudan.
Que no te lo cuenten. Lo que está en juego no es solo un voto. Es el principio de que las reglas no se tuercen a último momento para favorecer a quien conviene. El reglamento existe por algo: para que nadie mueva el arco. Si la autorización de Villarruel prospera sin reforma reglamentaria, el precedente queda abierto. La próxima vez el motivo puede ser un viaje, una gripe o una simple incomodidad. La burocracia siempre encuentra la excusa. El daño a la seguridad jurídica es real, y empieza exactamente aquí.



