No es sátira. Está en el reporte oficial del Sedgwick County Sheriff's Office, con nombre y mugshot incluidos.
Daniel Ray Ballance, de Quartzsite, Arizona, fue arrestado el jueves en el noreste de Colorado. Según las autoridades, rompió una ventana para entrar a una locomotora de Union Pacific. Luego trepó al techo. El tren estaba en movimiento.
Testigos vieron al hombre surfear desnudo sobre la locomotora. Avisaron a las autoridades. Los diputados del condado llegaron y lo detuvieron.
Ballance enfrenta cargos por felonía y misdemeanor. Los registros judiciales con el detalle de los cargos no estaban disponibles de inmediato, según informó la oficina del sheriff.
Las autoridades no han revelado qué motivó el incidente. Tampoco confirmaron si alguien a bordo resultó herido.
Lo que sí trascendió fue la declaración del propio Ballance ante los diputados. Según la oficina del sheriff, el hombre expresó su amor por «la vodka, la cerveza y tocar el banjo». La agencia lo anotó en su publicación de Facebook con humor: «Desafortunadamente, tuvimos que separarlo de esos amores y del paseo en tren».
El sheriff agregó que Ballance está disfrutando de «una estadía con todos los gastos pagados en la cárcel, donde se presume inocente hasta que se pruebe lo contrario». Fue ingresado al Sedgwick County Jail.
Que no te lo cuenten.
Este tipo de incidente —absurdo, inofensivo en apariencia— tiene un lado serio. Una locomotora de carga de Union Pacific no es un parque de diversiones. Trepar a un tren en movimiento pone en riesgo al conductor, a los trabajadores ferroviarios y al propio implicado. El sistema ferroviario de carga es infraestructura crítica. Vandalizarla, aunque sea bajo los efectos del alcohol, no es una travesura: es un delito federal en potencia.
La oficina del sheriff manejó el asunto con buen humor. Correcto. Pero la burocracia estatal tiene un costo real cada vez que un ciudadano toma decisiones así. Diputados desplegados, trámites judiciales, celda ocupada. Todo financiado por el contribuyente. El banjo puede esperar. La factura, no.



