El gobierno de Estados Unidos anunció este jueves un nuevo paquete de sanciones. El objetivo: el ministro de Salud Pública de Cuba, José Ángel Portal Miranda. También la red institucional detrás de las brigadas médicas cubanas en el extranjero.
Las medidas vienen del Departamento de Estado y de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). Recaen sobre la Comercializadora de Servicios Médicos Cubanos, la Unidad Central de Cooperación Médica y su directora, Gretza Sánchez Padrón.
Según publicó AFP, Washington califica las misiones médicas como un esquema de «tráfico de seres humanos» y «explotación laboral». La acusación: La Habana usa leyes coercitivas para obligar al personal sanitario a trabajar fuera de la isla. El régimen cubano rechaza esas afirmaciones. Defiende el carácter «solidario y voluntario» de sus programas.
Las sanciones no se detienen ahí. El Departamento de Estado también apuntó al sector energético: el Centro de Investigaciones del Petróleo, la Empresa de Energía y la importadora Einarbo quedaron en la lista negra. Cuatro filiales del conglomerado militar Gaesa corrieron la misma suerte: la Terminal de Contenedores de Mariel, Coral Marítima, Ceiba Investments y Orbit.
El efecto es inmediato. Todos los activos de estas empresas y funcionarios bajo jurisdicción estadounidense quedan bloqueados. Ninguna transacción financiera dentro del sistema bancario de EE. UU. está permitida.
Las misiones médicas son el mayor ingreso de divisas para la economía cubana. No es un programa de ayuda humanitaria. Es un negocio del Estado. El régimen cobra en moneda dura por los servicios de sus médicos. Los médicos ven una fracción mínima de ese dinero. Eso no es solidaridad. Es trabajo forzado con bata blanca.
Washington lo llama por su nombre. Esa es la diferencia con años de diplomacia tibia que miraba hacia otro lado. El aparato castrista necesita esas divisas para sobrevivir. Cortarle esa línea de oxígeno no es hostilidad. Es presión legítima sobre un régimen que exporta coerción disfrazada de cooperación. Que no te lo cuenten.



