Wynonna Judd salió al cruce de Rosie O’Donnell después de que la comediante la describiera públicamente como simpatizante de Donald Trump.
Judd dijo a People que está «en shock» y que nunca habló de política con O’Donnell. «Ella no sabe nada de mis cosas. Soy independiente», afirmó.
La cantante agregó que no entiende de dónde salió esa conclusión. «Es una completa suposición», dijo. También aseguró que no está enojada: simplemente confundida.
Judd remarcó que no quiere convertir el malentendido en una pelea de celebridades. «No quiero drama», dijo. «Hay tanto pasando ahora en el mundo. ¿Podemos simplemente querernos?»
O’Donnell había dicho en agosto, durante una aparición en el pódcast «The Tangle with Kyle Ridley», que Judd era la única persona que seguía siendo simpatizante de Trump entre sus amistades cercanas. «Soy amiga de Wynonna Judd, a quien amo mucho, y la conozco desde hace muchísimos años. Y es simpatizante de Trump. Y de alguna manera, nunca lo mencionamos», dijo.
Después, O’Donnell respondió a People y admitió que había hecho una inferencia basada en una presentación de Judd en Mar-a-Lago en 2023. «Solo pensé que, como actuó en Mar-a-Lago, era [simpatizante de Trump]. Pido disculpas si me equivoqué», dijo.
Judd y O’Donnell mantienen una amistad desde hace más de tres décadas, según Hollywood Reporter.
El episodio deja al desnudo una doble vara muy típica del mundo del espectáculo: se habla con soltura de la política ajena, pero cuando toca sostener la acusación, todo se reduce a una suposición. Otra vez la hipocresía del ambiente cultural, que convierte amistades, escenarios y viejas relaciones en munición ideológica sin pedir permiso ni verificar nada.
En el fondo, el valor aquí no es si una estrella apoya o no a Trump. El punto es más básico: nadie debería ser etiquetado por reflejo, menos aún por una casta que se cree con derecho a leer la mente del otro. Que no te lo cuenten.



