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Zverev gana el Abierto de Estados Unidos, pero casi sigue jugando sin saberlo

El alemán se llevó su segundo Grand Slam de 2026 tras vencer a Shelton en una final de cuatro sets. La escena dejó una postal insólita: el campeón volvió a la línea para jugar otro punto antes de mirar la pantalla y entender que ya había ganado.
Imagen generada con IA
lunes 14 de septiembre de 2026

Alexander Zverev ganó el Abierto de Estados Unidos de 2026 y, por un instante, ni siquiera lo sabía.

El alemán, primer preclasificado, venció a Ben Shelton por 6-3, 7-6 (2), 5-7, 6-2 en la final disputada el domingo por la noche en el Arthur Ashe Stadium. Cuando Shelton mandó largo su golpe de derecha final, Zverev caminó de regreso a la línea, tomó algunas pelotas y se preparó para jugar otro punto.

Solo al mirar la pantalla gigante del estadio entendió que el partido había terminado y que era el campeón masculino del torneo. Entonces levantó las manos, corrió a la red y abrazó a Shelton.

La victoria le dio a Zverev su segundo trofeo de Grand Slam en la temporada 2026, después de conquistar Roland Garros. Según la cobertura, ese título en París rompió una sequía alemana en los grandes torneos que se remontaba al Abierto de Australia de 1996 de Boris Becker.

La final estuvo cargada por el ruido del público de Nueva York, volcado con Shelton y deseoso de ver a un estadounidense cortar una sequía de 23 años sin títulos de Grand Slam masculinos. Zverev respondió con un saque demoledor y un juego de fondo asfixiante.

Después, el alemán agradeció al público por mantener la corrección en una noche hostil. Dijo: «Sé que hoy el 99,9% de la gente quería que ganara Ben, así que lo siento mucho». También añadió que, pese a estar en contra suya, la multitud «siempre fue increíblemente justa».

Shelton devolvió el reconocimiento y llegó a decir que Zverev era, quizá, «el mejor jugador del mundo este año». También elogió su saque, su movilidad y su nivel general de juego.

La imagen del campeón que se prepara para un punto que ya no existe es casi perfecta para estos tiempos: mucha tensión, mucho espectáculo y, al final, una realidad que cae de golpe cuando aparece en la pantalla correcta.

Otra vez la doble vara: cuando el mérito deportivo es claro, nadie necesita relato, burocracia ni adoctrinamiento para entender quién ganó. El que compite mejor, gana. El que aguanta la presión, levanta el trofeo. Así de simple. Que no te lo cuenten.

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