Fue el domingo. Sucedió en Aurora, Colorado. Una turba de 500 adolescentes tomó el centro comercial Hoffman Heights. La mayoría tenía entre 14 y 17 años.
Según la policía de Aurora, todo empezó como un evento deportivo sin permiso. Después la multitud se movió hacia el centro comercial. Ahí están un supermercado King Soopers y un Burger King.
Más de 70 oficiales fueron enviados al lugar. Intentaban dispersar lo que las autoridades llamaron una «reunión ilegal». No funcionó. La turba corrió hacia los negocios.
Dentro del Burger King, los adolescentes quedaron hombro con hombro. Cantaron y bailaron sobre las mesas, según videos difundidos en redes. La canción fue «Call Me Maybe», de Carly Rae Jepsen. Una mesa colapsó bajo el peso de los saltos. Un adolescente cayó al piso.
Otro grupo cruzó al supermercado. Ahí vandalizaron mercadería. Corrieron por los pasillos para evadir a los empleados. Un adolescente, sin identificar, se llevó una mesa. Dijo que era «para mi mamá».
El jefe de policía, Todd Chamberlain, fue directo: «Esto cruzó la línea de una reunión de jóvenes a un asunto policial, por la conducta criminal de algunos». Agregó que no van a tolerar que se tomen calles, se dañe propiedad o se robe bajo la creencia de que la multitud da anonimato. «No lo hace», dijo.
Hasta ahora no hubo arrestos. Las autoridades tampoco informaron cuántos artículos fueron robados. Tampoco el costo del vandalismo. Los investigadores dicen estar revisando videos para identificar responsables.
Chamberlain también apuntó a los padres. Dijo que deben saber dónde están sus hijos, con quién y a qué los invitan por redes sociales. «Cuando cientos de jóvenes se reúnen de golpe, las consecuencias pueden escalar rápido», advirtió.
El evento parece haber sido organizado por Grady Ferrick. Es un creador de contenido autodenominado, con más de 362.000 seguidores en Instagram. Tiene 22 años y es de Western, Nueva York. Jugó básquetbol en la Universidad Houghton. El evento promocionaba una marca de vitaminas. Ferrick se fotografió arriba de un camión U-Haul y de un autobús escolar, en medio de la multitud.
Aquí no hay relato progresista que suavice esto. Setenta oficiales fueron desviados de otras emergencias reales para contener un caos organizado por un influencer con fines comerciales. Los contribuyentes pagaron esa movilización. Los comercios pagaron los daños. Y hasta ahora, nadie pagó ninguna consecuencia.
El jefe de policía tuvo razón en algo: el anonimato de la multitud no exime de responsabilidad. Pero sin arrestos, sin cifras de pérdidas, sin nombres, la impunidad queda como el verdadero mensaje del día. Otra vez la doble vara: vandalizar en manada sale gratis.


