El doctor Wladimir Lorentz se sentó ante el Congreso. No dijo una palabra sobre su negocio. Invocó la Quinta Enmienda ante cada pregunta.
Lorentz es el fundador de «Have My Baby in Miami». En su propio sitio presumía haber ayudado a parir a unos 2.000 extranjeros en Estados Unidos. El objetivo: ciudadanía automática para sus bebés.
El interrogatorio ocurrió en el Task Force on Defending Constitutional Rights and Exposing Institutional Abuses. Lo preside el republicano Brandon Gill (R-TX). Gill le preguntó directamente si había ayudado a miembros del Partido Comunista Chino a obtener la ciudadanía. Silencio. Otra vez la Quinta.
«Por consejo de mi abogado, respetuosamente me niego a responder cualquier pregunta relacionada con la materia de una investigación federal pendiente, sobre la base de que una respuesta veraz podría incriminarme», dijo Lorentz, según Breitbart.
Gill ya había investigado a la empresa desde mayo. Su carta a Lorentz señaló que el sitio ofrecía una «Guía Paso a Paso» para viajar a Miami y dar a luz. También ofrecía vivienda temporal y asesoría legal, según el texto de la carta.
El trasfondo no es menor. La Corte Suprema falló que los hijos de mujeres en el país ilegal o temporalmente «son ciudadanos al nacer». Trump firmó dos órdenes ejecutivas para terminar con el turismo de nacimientos y acotar la ciudadanía por nacimiento.
Según Breitbart, se estima que 33.000 niños nacidos en EE.UU. reciben la ciudadanía cada año solo porque sus padres extranjeros llegaron con una visa temporal. Décadas después, esos hijos pueden patrocinar a sus padres para la residencia. En 2019, el Departamento de Justicia destapó un esquema similar en California: 8.500 nacimientos vinculados a turistas chinos, según la misma fuente.
El silencio de Lorentz no es un caso aislado. Días antes, la directiva de ActBlue Kimberly Peeler-Allen también invocó la Quinta ante un comité de la Cámara. Antes que ella, el cofundador Matt DeBergalis hizo lo mismo el 20 de agosto. El presidente del Comité de Administración de la Cámara, Bryan Steil, lo resumió sin rodeos: ActBlue movió unos 20.000 millones de dólares hacia campañas demócratas. Y nadie quiere explicar cómo.
Que no te lo cuenten como casualidad. Cuando el aparato progresista —desde agencias de turismo de nacimientos hasta la maquinaria de recaudación demócrata— enfrenta preguntas incómodas, la respuesta es siempre la misma: silencio bajo la Quinta.
El relato de la «reforma migratoria compasiva» se cae solo cuando el propio operador se niega a jurar que no mintió. La ciudadanía estadounidense no es un producto de turismo. Es un derecho que se protege, no se vende con paquete de hospedaje incluido.


