Bruce Giudici, de 68 años, se postulaba para la Junta de Supervisores del condado de Calaveras, en el norte de California. El domingo cayó y se golpeó la cabeza mientras hacía campaña puerta a puerta. Murió al día siguiente.
Según su campaña, Giudici resbaló en una entrada empinada. El propietario de la vivienda llamó al 911. Lo trasladaron al Hospital General San Joaquín. Ahí falleció.
El plazo estatal para retirar a candidatos muertos de la boleta venció el 27 de agosto. Giudici cayó después. Su nombre seguirá en la papeleta de noviembre.
Su campaña no piensa bajar los brazos. «Bruce's fight will not end today», publicaron en redes. Prometieron «honrar los deseos de Bruce» y trabajar para que gane en noviembre.
Si eso ocurre, la decisión pasa al gobernador. Él elegiría al reemplazo. «Esperamos que la gente se una detrás de alguien que propondremos al gobernador», dijo Carrie Biggs-Adams, voluntaria de la campaña, a KCRA.
Giudici se definía como un halcón fiscal. Su bandera era el gasto responsable. Tenía experiencia en supervisión fiscal gubernamental. Había participado en veinte auditorías.
«Coming from fiscal, and knowing how important it is to make certain that things get done properly», dijo al Calaveras Enterprise. Habló del déficit del condado. «It's not a substantial deficit, but it is a deficit», advirtió. Dijo que esa atención al detalle hacía falta en la junta.
Su rival era Clyde Clapp, quien ya había sido supervisor entre 2017 y 2018. Giudici lo criticó por eso. En su web escribió que Clapp «had his chance to make meaningful change for District 5 eight years ago and failed».
En las primarias, Giudici terminó primero con 1.061 votos. Clapp quedó segundo, con 1.023. La contienda de noviembre pintaba cerrada.
Clapp le dijo a KCRA que la muerte de Giudici es una tragedia. Aseguró que su familia está en sus oraciones. Los dos se habían enfrentado tres veces antes.
Hay algo incómodo en esta historia, más allá de la tragedia personal. Un votante puede marcar la boleta por un hombre que ya no está. Y si gana, será el gobernador —no el electorado— quien decida quién ocupa la banca.
Giudici murió defendiendo una idea simple: que el dinero público se vigile con rigor, auditoría por auditoría. Ironía cruda: el sistema que él quería fiscalizar de cerca ahora define su sucesión por decreto, no por voto directo. El déficit que denunciaba sigue ahí. La burocracia electoral, también.


