Morena y Marcia Galán son hermanas argentinas. Viven en Nueva York. Una es cantante lírica. La otra, diseñadora de moda.
Morena es la primera cantante de lírica hispana en el Metropolitan Opera de Nueva York. Así lo cuenta ella misma en una entrevista con LA NACION. Empezó a los siete años. Pasó por el Teatro Colón desde los nueve hasta los quince. Luego siguió en el Conservatorio Manuel de Falla, donde se saltó dos años con un examen.
Se fue a Estados Unidos a los 18 años. Sin familia. Sin contactos. Hizo su carrera de grado y un máster. Compitió, se expuso, cantó en cualquier concierto posible. Nadie le regaló el lugar en el Metropolitan.
Marcia se mudó dos años después, en plena pandemia. Empezó a coser con la máquina familiar de su abuela. Su vocación nació de una máquina olvidada en un placard, no de un plan de fomento cultural.
Entró a Parsons The New School for Design con una beca. Pero antes tuvo que pasar un examen riguroso. La tasa de aceptación de esa universidad ronda el 13%. Nadie le abrió la puerta por cuota ni por relato identitario. La abrió un examen.
Hoy trabaja en una empresa de carteras con 25 años en el mercado y varias sucursales en Estados Unidos. También lanza sus propias colecciones en redes sociales. Su abuelo paterno fue sastre. Ese oficio de familia, sumado al trabajo propio, terminó en diseños que se viralizaron.
Ninguna de las dos imaginó este resultado cuando empezó. Morena lo dice con claridad: jamás pensó que terminaría en el Metropolitan. Simplemente sumó años de estudio, competencias y conciertos hasta que el mercado —el de la ópera, tan exigente como cualquier otro— le abrió la puerta.
Esta historia no necesita relato de víctimas ni subsidio estatal para sostenerse. Dos jóvenes se fueron de Argentina con lo puesto. Compitieron en dos de las industrias más duras del mundo: la ópera y la moda de Nueva York. Ganaron terreno por examen, por audición, por trabajo repetido durante años.
Que no te lo cuenten como otra cosa. No hubo cupo, no hubo curaduría ideológica, no hubo funcionario decidiendo quién merecía una beca por su identidad. Hubo un examen con 13% de aceptación y un escenario donde se canta bien o no se canta. El mérito, cuando se lo deja actuar, todavía abre puertas en el corazón del libre mercado cultural.



