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Texas Tech le pasa la factura a USC por el papelón de público en el Coliseo

El entrenador rival dijo que no quería «tirar tiros». Los tiró igual, mientras Lincoln Riley explica por qué nadie fue a ver a los Trojans.
Imagen ilustrativa
martes 1 de septiembre de 2026

El sábado, USC recibió a San José State en el LA Coliseum. Fue a mediodía. Los Trojans eran favoritos por 38 puntos. El termómetro marcó temperaturas cercanas a los 35 grados. Hubo una humedad inusual para el sur de California. No había sombra. No había alivio del calor durante todo el partido.

El resultado: gradas vacías. Miles de aficionados decidieron quedarse en casa. La razón no fue falta de fe en el equipo. Fue una decisión racional. Tráfico infernal, parqueo caro, filas de seguridad eternas y un partido decidido en los primeros 15 minutos. Nadie paga ese costo para ver una goleada bajo el sol.

La polémica lleva días. Comentaristas y analistas, cómodos en sus estudios con aire acondicionado, aseguran que ellos sí habrían aguantado el calor. Convenientemente olvidan que otros programas grandes, como los Florida Gators, también han tenido problemas para llenar estadios en partidos de agosto al mediodía. El fenómeno no es exclusivo de USC. Pero USC es quien está bajo el reflector.

A esa lista de críticos se sumó Joey McGuire, entrenador de Texas Tech Red Raiders. En conferencia de prensa el lunes, dijo que no quería «tirar tiros». Lo hizo de inmediato. Aseguró tener respeto por USC y por Lincoln Riley. Después remató: en Lubbock, este fin de semana, jugarán ante 60.000 personas. Con un calor tan fuerte como el del sábado. «La gente dura de West Texas ama su fútbol y va a aparecer», dijo.

El comentario reabrió la pregunta que ya circulaba: ¿la mala asistencia pone a Riley en la cuerda floja? Ninguna fuente confirma una respuesta oficial de USC ni del propio Riley sobre ese punto.

Más allá del folclore deportivo, hay una lección de libro de texto. Un producto —aunque sea un equipo con 38 puntos de ventaja en el papel— no se vende solo por prestigio. Se vende por experiencia. Cuando la universidad y la televisión imponen un horario que conviene a NBC y no al aficionado, el aficionado responde con su cartera. Vota con los pies, no con lealtad ciega. Eso incomoda a quienes prefieren el relato del «fan traidor» antes que admitir que el problema fue de gestión, precio y clima. El estadio vacío no mintió. El relato se cayó solo.

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