El jurado que juzga a Lindsay Clancy llegó a un punto muerto. El martes, al cuarto día de deliberaciones, enviaron una nota al juez William Sullivan. Decía: «Tras muchas horas de deliberación, no logramos llegar a una decisión unánime».
Sullivan no aceptó el estancamiento. Les ordenó volver a la sala y seguir deliberando. Les recordó que el juicio fue largo: más de 80 testigos, más de 300 pruebas.
La ley de Massachusetts es clara. El juez puede pedirles que sigan deliberando hasta dos veces sin su consentimiento. Después de eso, puede declarar el juicio nulo.
Clancy, de 36 años, enfrenta tres cargos de asesinato en primer grado. Las víctimas son sus propios hijos: Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de 8 meses. Patrick Clancy, el padre, encontró los cuerpos en la casa familiar de Duxbury en enero de 2023.
Clancy admitió haber estrangulado a los niños con bandas de ejercicio. Se declaró no culpable. Su defensa alega psicosis posparto y trastorno bipolar: dice que no era penalmente responsable de sus actos.
La fiscalía rechaza esa versión. Según los fiscales, Clancy planeó todo con método. Envió a su esposo a hacer dos mandados. Calculó cuánto tardaría en volver con la comida para llevar. Para la fiscalía, eso no es psicosis: es cálculo.
El jurado, integrado por nueve mujeres y tres hombres, tiene cinco opciones de veredicto: asesinato en primer grado, asesinato en segundo grado, homicidio, no culpable, o no culpable por razón de locura.
El juicio arrancó el 20 de julio. Duró 21 días de testimonios. Declararon 85 testigos, 72 de ellos citados por la fiscalía. El viernes pasado, el jurado pidió revisar frascos de pastillas y un cuchillo presentados como evidencia.
El abogado defensor, Kevin Reddington, dijo que si hay jurado dividido, irá a juicio de nuevo sin dudarlo. «Tal vez hoy sea el día. No lo sé», dijo antes de conocerse el estancamiento.
Dos juradas sonrieron entre sí mientras el juez leía la nota. Otra, una mujer mayor que ha llevado rosa dos días de deliberación, negó con la cabeza en lo que pareció frustración al recibir la instrucción de seguir.
El relato de la defensa depende de un diagnóstico. El de la fiscalía, de una cronología de decisiones. Entre ambos, un jurado que ya lleva cuatro días sin poder decidir si hubo enfermedad o cálculo. Tres niños están muertos. Eso no lo discute nadie en la sala.
Que no te lo cuenten como un simple trámite judicial: la ley de Massachusetts obliga al juez a insistir hasta dos veces antes de aceptar el estancamiento. Mientras tanto, el sistema sigue buscando una etiqueta que encaje. La pregunta de fondo —si la enfermedad mental anula la responsabilidad por un triple homicidio— seguirá pesando mucho después de que este jurado, al fin, se pronuncie.


