Doug Leone, de 69 años, presidente de Sequoia Capital, contó en una entrevista con el podcastero David Senra que en algún momento de su vida se sometió a una endodoncia sin anestesia. No por necesidad médica: por curiosidad personal sobre sí mismo.
«Toda mi vida quise ver si era un badass o no», relató Leone. «Es decir, ¿soy un falso badass con una envoltura que nadie puede notar, o realmente lo soy por dentro?».
El inversionista pidió a su dentista que taladrara sin ningún tipo de anestesia local. Según su propio relato, el profesional respondió: «Estás loco». Leone le prometió que no se movería. Y cumplió.
Para soportar el dolor, dijo que pensó en los soldados heridos en combate que pierden brazos o piernas. «Eso es dolor con consecuencias. El mío era dolor sin consecuencias», explicó. Terminó, según contó, empapado en sudor y tuvo que cambiarse de camisa al llegar a casa.
Las endodoncias se realizan normalmente con anestesia local porque la pulpa dental contiene nervios, vasos sanguíneos y tejido conectivo; según la Asociación Americana de Endodoncistas, con anestesia moderna el procedimiento no es más doloroso que un empaste común.
Leone enmarcó el episodio dentro de una relación de toda la vida con el miedo, que dijo haber enfrentado también en las alturas y al hablar en público. «Me da el desafío de superarlo, y eso me da después una sensación de seguridad», afirmó.
Nacido en Génova, Italia, emigró a Estados Unidos a los 11 años y se estableció con su familia en Mount Vernon, Nueva York. Se formó en Cornell, Columbia y el MIT antes de trabajar en ventas de tecnología. Se unió a Sequoia Capital en 1988, se hizo socio en 1993 y asumió como socio gerente en 1996, cargo que ocupó hasta dejar el liderazgo senior de la firma en 2022. Bajo su gestión, Sequoia se expandió a China e India y participó en inversiones como ServiceNow, RingCentral, Nubank, Rackspace, Medallia y Wiz, la firma de ciberseguridad que Google compró por 32.000 millones de dólares en efectivo en marzo. Forbes calcula su fortuna en 11.800 millones de dólares.
Que no te lo cuenten como suerte. La historia de Leone es la de un inmigrante que llegó sin nada, se formó en tres universidades de primer nivel y construyó, ladrillo a ladrillo, una de las firmas de capital de riesgo más influyentes del planeta. El relato progresista prefiere hablar de privilegio y azar cuando aparece un multimillonario; la disciplina obsesiva, el riesgo asumido y las décadas de trabajo no encajan tan bien en ese guion.
No hace falta compartir el gusto de Leone por el dolor autoinfligido para reconocer el punto de fondo: el mérito, la constancia y la libre empresa siguen produciendo resultados que ninguna burocracia estatal podría replicar con un decreto.

