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Opinión · Análisis

Gates advierte sobre la IA y pide la receta de siempre: más impuestos y más Estado

El cofundador de Microsoft reconoce que la industria oculta sus temores en privado. Su solución no es libertad ni innovación: es burocracia y nuevos gravámenes.
Imagen ilustrativa
viernes 28 de agosto de 2026

Bill Gates habló con The New York Times desde sus oficinas en Seattle. El mensaje central: la inteligencia artificial "puede mejorar la vida de las personas en todos los niveles de ingresos, pero no lo hará automáticamente".

Hasta ahí, nada nuevo bajo el sol. Pero Gates fue más lejos. Reveló que en privado, los ejecutivos tecnológicos están preocupados. En público, se callan.

"No digas eso. Es malo para nosotros", relató que se dicen entre sí. Así describió la lógica que, según él, domina la industria: avanzar a toda velocidad y esperar que lo bueno supere a lo malo.

Entre los riesgos que mencionó están la pérdida de empleos y el bioterrorismo. También el uso de modelos avanzados para obtener información sobre armas biológicas. Son preocupaciones legítimas. Nadie las niega.

El problema aparece cuando Gates ofrece la solución. En un ensayo publicado en Gates Notes, sostiene que la sociedad debe prepararse para evitar que la IA amplíe las desigualdades. Hasta ahí, otra frase de manual.

Luego llega lo concreto: nuevos impuestos y restricciones para determinados usos de la IA. Gobiernos y organizaciones filantrópicas, dice, tendrán un papel esencial en la transición.

El mismo hombre que construyó un imperio gracias a la libre empresa y la innovación sin ataduras ahora pide gravar la próxima revolución tecnológica. Es la doble vara de siempre: la fortuna se hace en el mercado libre, pero la regulación llega cuando otros quieren competir.

Gates no está equivocado en diagnosticar riesgos reales. La pérdida de empleos y el mal uso de la tecnología son discusiones serias. El error está en la receta.

Cada vez que surge una tecnología disruptiva, aparece la misma casta de magnates convertidos en filántropos pidiendo más Estado. Impuestos nuevos. Restricciones nuevas. Comités nuevos. Todo en nombre de "distribuir los beneficios".

La historia enseña otra cosa. La computadora personal, internet, el propio software de Microsoft no mejoraron la vida de millones de personas por decreto burocrático. Lo hicieron porque el mercado los abarató y los volvió accesibles.

Que Gates reconozca el miedo oculto de la industria tecnológica es valioso. Que la respuesta sea, otra vez, más impuestos y más control estatal sobre la innovación, ya no sorprende a nadie. El relato de la filantropía como excusa para la regulación se cayó solo hace tiempo.

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