Hunter Biden, hijo del ex presidente Joe Biden, protagonizó un tramo íntegro de un podcast discutiendo qué tan gay es él mismo, cifra que fue subiendo y bajando como si fuera una encuesta de intención de voto.
La entrevista, con el conductor Luke Beasley, se publicó el 16 de agosto. Beasley le preguntó directamente: «¿Eres gay?». Biden respondió: «Solo un poco». Cuando le preguntaron si eso era «más o menos del 50 por ciento», dio una cifra exacta: 48.6 por ciento, según recogió el New York Post.
La cifra no se quedó quieta. Biden aclaró que su «tipo», si fuera gay, sería «un poco más masculino». Más adelante retomó «la pregunta gay», como él mismo la llamó, y dijo: «Quizás retiro el 48.5. Más bien 47 después de esa conversación. Mi condición de gay bajó un punto porcentual». Al cierre de la entrevista, de casi 90 minutos, volvió a subir el número: «Solo quería que sepas que estoy de vuelta en 48.5 por ciento gay».
Antes de llegar a ese tema, Beasley presentó en broma a Biden repasando el currículo de su padre, y cuando le preguntó qué hacía él, Hunter respondió, también en broma, que mejor admitía de una vez ser «una figura central de la familia criminal Biden».
El episodio no fue un caso aislado. Semanas antes, en otro podcast, el de Jennifer Welch, Biden había declarado que «el mayor problema en Estados Unidos no es la oligarquía, es la closetocracia», y sostuvo que existe «una mafia gay clandestina, mayormente republicana», que según él controla Washington y descarga su «conflicto interno» en forma de «vitriolo» sobre el resto del país. Se trata de una acusación de Biden mismo, sin nombres ni evidencia presentada, contra hombres no identificados del Partido Republicano.
Biden, de 56 años, está casado con Melissa Cohen y previamente estuvo casado con Kathleen Buhle, con quien tiene tres hijas.
Que no te lo cuenten como una simple ocurrencia de podcast: mientras el hijo del ex presidente dedica hora y media a discutir un porcentaje inventado sobre su propia sexualidad, también encuentra tiempo para lanzar, sin una sola prueba, una acusación colectiva contra republicanos anónimos de Washington. Es el mismo libreto de siempre: cuando el «relato» necesita un enemigo, la culpa se reparte por ideología, no por hechos. El apellido Biden sigue dando entrevistas; lo que ya no da es explicaciones sobre asuntos más serios que un porcentaje que sube y baja según el ánimo del entrevistado.


