Hakeem Jeffries, líder demócrata en la Cámara, se reunió con Jared Kushner, yerno y asesor de Donald Trump. Fue una reunión de trabajo. Nada más.
La reacción del ala izquierda no se hizo esperar. James Carville lo calificó de error grave. «No te reúnas con ellos, no tengas nada que ver con ellos», escribió Carville. Según él, Jeffries debió condecir cualquier trato «bajo juramento».
Tommy Vietor, exasesor de Barack Obama, fue más lejos. Según Vietor, Kushner «no tiene cargo real en el gobierno» y solo «usa conexiones familiares para conseguir dinero de autócratas del Golfo». El comentarista Mehdi Hasan calificó el encuentro de «patético».
Jeffries salió a defenderse en video. Dijo que Kushner pidió la reunión para hablar de la crisis de asequibilidad. Añadió que esa crisis «no es un invento». Pero también necesitó demostrar lealtad al bando duro. Prometió que «nadie tendrá pase libre» y habló del «cartel Trump» que, según él, va a rendir cuentas desde el día uno.
Jeffries tampoco descartó un juicio político contra Trump si los demócratas ganan la Cámara. La promesa de impeachment ya es casi obligatoria entre candidatos del partido para las elecciones de mitad de mandato.
El dato que nadie discute: aunque la Cámara vote a favor, hace falta dos tercios del Senado para destituir a un presidente. Esa cifra es casi imposible de reunir, sin importar qué partido tenga la mayoría.
Lo que la izquierda radical ignoró es el contexto real. Jeffries y Kushner trabajaron juntos en la reforma penitenciaria durante el primer mandato de Trump. Un tercero que conoce a ambos sugirió retomar el contacto ahora, pensando en una posible cooperación legislativa si los demócratas controlan la Cámara.
Mientras tanto, el grupo Justice Democrats envió un correo de recaudación acusando a Jeffries y al senador Chuck Schumer de estar «fuera de sintonía» con sus propios votantes. Según su encuesta interna, la mayoría de votantes demócratas en los primeros seis estados de las primarias de 2028 cree que Israel comete «genocidio» contra los palestinos y quiere cortar por completo el envío de armas.
Que no te lo cuenten como un simple choque de egos. Es la prueba de que el ala socialista ya no negocia con nadie, ni siquiera con su propio líder. Una reunión de trabajo se convirtió en juicio sumario. El relato de la «resistencia» tolerante se cayó solo apenas alguien se atrevió a dialogar.


