Dolly Parton pasó su carrera entera esquivando la etiqueta política. Lo hizo de forma deliberada y lo dijo sin rodeos: «No hago política», declaró en 2018 cuando un periodista de ABC intentó que comparara a Donald Trump con el jefe libidinoso de la película «9 to 5». Ella se negó con sorna sureña.
En 2017, en los premios Emmy, sus excompañeras Lily Tomlin y Jane Fonda arrancaron aplausos del público llamando a Trump «sexista, egocéntrico, mentiroso, hipócrita y fanático». Dolly no solo se negó a sumarse: interrumpió el programa para dejar claro, con una broma, que no compartía esas palabras.
Rechazó la Medalla Presidencial de la Libertad tres veces: dos bajo la presidencia de Trump —por la enfermedad de su esposo y la pandemia— y una bajo Biden, según explicó ella misma, porque no quería que se interpretara como un gesto partidista después de haber declinado la de un presidente republicano. En 2016, el New York Times citó fuera de contexto un comentario suyo sobre Hillary Clinton y lo presentó como un respaldo. Ella lo desmintió públicamente al día siguiente: no estaba apoyando a nadie.
Cuando en 2023 incluyó un dueto con el músico abiertamente pro-Trump Kid Rock en su álbum «Rockstar», tampoco se disculpó ni se distanció. Calificó la cultura de la cancelación de «terrible».
El episodio más revelador ocurrió en agosto de 2020, en plena efervescencia de las protestas por George Floyd. Billboard le preguntó por el tema para una portada. Dolly respondió: «Por supuesto que las vidas negras importan. ¿Creemos que solo nuestros traseros blancos importan? No», pero cerró con una frase que medios como NPR y la BBC omitieron sistemáticamente: «Todos importan». Según documentó el portal Saving Country Music, fue la propia Billboard la que editó esa frase de sus citas, dejando la impresión de que Dolly había suscrito una consigna política que en realidad nunca pronunció así. Meses después, en una segunda entrevista, ella repitió el mismo matiz: «Amo a todo el mundo. Y, claro, las vidas negras importan. Todos importamos. Todos somos hijos de Dios».
Trump, por su parte, ordenó que la bandera ondeara a media asta durante una semana en su honor y se limitó a decir que «nunca ha habido nadie como ella, y nunca lo habrá», sin intentar reclamarla para su bando.
Que no te lo cuenten: la izquierda tardó menos de 24 horas en anexar a Dolly Parton a su relato, editando sus propias palabras para lograrlo. Es el mismo guion de siempre: cuando una figura querida por todos se niega a servir de trofeo ideológico, la burocracia mediática se lo inventa. El respeto por la voluntad explícita de una mujer que pasó cuarenta años pidiendo que la dejaran fuera de la trinchera política no les importó ni un día.



