La senadora del PRI, Paloma Sánchez, encendió la mecha. Cuestionó a Morena por mantener a Enrique Inzunza Cázarez en el Senado. La acusación es directa: “¿Qué están cuidando?”, preguntó.
Sánchez describió la postura del partido oficialista como contradictoria. Voces internas de Morena han pedido a Inzunza separarse del cargo. Pero el senador conserva su escaño. Y conserva el fuero.
“Por un lado lo golpeo, pero por el otro lado lo abrazo”, reprochó la legisladora. Calificó de “vergüenza” que Inzunza siga en la Cámara alta.
El trasfondo es grave. Inzunza está señalado por autoridades estadounidenses. Lo vinculan con presuntas actividades de narcotráfico y tráfico de armas.
Pese a eso, el senador rechazó pedir licencia. Habla de una campaña de “calumnias” en su contra. Dice que asumirá su defensa de forma personal.
Su movimiento reciente fue calculado. Renunció a la bancada de Morena mediante una carta a Ignacio Mier. Así evitó, según él, que el partido cargue con el costo político. Pero no renunció al Senado. Su periodo corre hasta 2030.
La jugada tuvo un precio menor: perdió la presidencia de la Comisión de Estudios Legislativos. El escaño y el fuero, sin embargo, quedaron intactos.
Sánchez fue más allá. Vinculó el caso con las negociaciones comerciales entre México y Estados Unidos. Los señalamientos contra figuras políticas mexicanas, advirtió, pueden pesar en esa relación bilateral.
La senadora también denunció la violencia en Sinaloa. Relató que una mujer y dos menores quedaron atrapados en su vivienda. Sujetos armados dispararon contra el inmueble. Luego le prendieron fuego.
El caso Inzunza llega en un momento delicado para Morena en Sinaloa. Rubén Rocha Moya dejó temporalmente la gubernatura. El partido se reacomoda rumbo a las elecciones de 2027. Imelda Castro aparece como la apuesta oficialista.
Inzunza, mientras tanto, seguirá como senador independiente. Enfrentará las investigaciones desde ahí, con el fuero puesto.
Que no te lo cuenten como reforma moral. Esto es pura conveniencia política. Morena exige pureza en el discurso y protege el poder en los hechos. El fuero no cayó: se maquilló con una carta de renuncia a la bancada.
La pregunta de Sánchez queda en el aire porque nadie en Morena la responde. Y mientras no la respondan, la sospecha sobre qué se está cuidando —y a quién— seguirá creciendo.



