Stephen A. Smith guardó un secreto durante meses. Lo contó recién esta semana en el podcast «The Culture Table».
Barack Obama lo llamó antes de las elecciones de 2024. Quería hablar de su «impacto» en la campaña. Pero no aceptó salir en el programa.
«El contenido de esa conversación seguirá siendo privado porque no voy a violar la confianza», dijo Smith. «Me llamó antes de la elección para hablar de mi impacto, pero tampoco vino al podcast», agregó.
La llamada llegó después de que Smith dijera que Joe Biden «claramente estaba acabado». Pidió un nuevo candidato demócrata. Por esa crítica, la Asociación Nacional de Periodistas Negros (NABJ) le dio un premio de «pulgar hacia abajo» en una gala en Atlanta.
Smith no se quedó callado ante el castigo. Denunció una doble cara en el círculo demócrata. «A la gente le gusta hablarme en privado, pero cuando les pido salir en cámara para una conversación real, se van a otro lado», explicó.
No fue solo Obama. Smith también nombró a Michelle Obama, a la ex vicepresidenta Kamala Harris, a la representante Jasmine Crockett y a Alexandria Ocasio-Cortez. Ninguno aceptó su invitación al programa, según el propio Smith.
«Esta es la primera vez que alguien me escucha decir públicamente que Barack Obama me llamó», remarcó. La oficina del expresidente no respondió a la solicitud de comentario de Fox News Digital.
El relato encaja con otro dato reciente: Obama culpó a los medios «fragmentados» por frenar el ascenso de una nueva estrella demócrata. Pero según Smith, el problema no es la fragmentación. Es el miedo a exponerse ante preguntas que no controlan.
Aquí está la doble vara de siempre. La misma casta que exige transparencia al resto opera con líneas telefónicas privadas y cero cámaras encendidas. Llaman al crítico incómodo para gestionarlo en la sombra, no para responderle en público.
Smith lo dijo sin filtro: «Creo que los demócratas le temen a mis pasos». Que no te lo cuenten como un gesto de cercanía presidencial. Es control de daños, con teléfono privado y sin testigos.


