Un video de 2020, resurgido ahora, muestra al senador estatal demócrata James Talarico, candidato al Senado por Texas, en un foro virtual del Sierra Club calificando al capitalismo de libre mercado como un «sistema opresivo», al mismo nivel que la supremacía blanca y el cambio climático.
«Los jóvenes activistas han trazado muy bien el vínculo entre el cambio climático, la supremacía blanca y el capitalismo en nuestro país. Y creo que solo terminando la forma en que esos tres sistemas opresivos operan juntos vamos a poder comenzar el proceso de desmantelarlos», dijo Talarico en aquel encuentro con activistas de Austin.
La retórica no quedó en el pasado. En el lanzamiento de su campaña al Senado en Arlington, Talarico atacó las políticas de crecimiento económico calificándolas de «falso evangelio» y volvió a recurrir al insulto favorito de la izquierda contra la economía de oferta: «La economía de goteo no es una teoría. Es robo», sentenció ante la multitud.
Mientras predicaba contra el «sistema», ¿cómo maneja Talarico su propia billetera? Según reportó el Washington Free Beacon a partir de sus declaraciones financieras oficiales para la campaña al Senado 2026, Talarico solo declaró una cuenta bancaria: una cuenta corriente en Wells Fargo con entre 15.000 y 50.000 dólares, que comparte con su madre. Ninguna otra cuenta figura en su declaración.
El respaldo familiar no es nuevo. En 2021, cuando Talarico se postulaba a representante estatal, sus padres aportaron 5.000 dólares cada uno a su campaña. Ese mismo año, con Talarico ya en sus 32 años, sus padres realizaron además una contribución «en especie» de 1.437,84 dólares para cubrir sus «gastos de mudanza», según registros de campaña.
A eso se suma que las declaraciones estatales de 2024 y 2025 muestran que Talarico usó la dirección de la casa de sus padres como domicilio comercial para su actividad de «Consultor de Educación» como autónomo, esto a pesar de haber comprado una vivienda de tres habitaciones en Austin por más de 400.000 dólares en 2022.
El relato se cayó solo. Es fácil predicar el fin del capitalismo cuando existe una red familiar dispuesta a cubrir cada tropiezo: la cuenta compartida, los cheques de los padres, la dirección postal prestada. La hipocresía no está en usar recursos familiares —eso lo hace cualquiera—, sino en llamar «robo» al sistema que permitió a esa misma familia acumular el patrimonio que hoy lo sostiene.
Otra vez la doble vara: se ataca al mercado desde la tribuna mientras se depende, en privado, de las ventajas que ese mismo mercado hizo posible para la familia. Que no te lo cuenten los que venden revolución con colchón de fábrica.


