La Corte Suprema falló 6-3 en junio. Dictaminó que los hijos nacidos en Estados Unidos de padres presentes ilegal o temporalmente son ciudadanos al nacer, bajo la 14ª Enmienda. Fue un golpe al primer intento de Trump por limitar la ciudadanía automática.
La respuesta no se hizo esperar. El 6 de agosto, Trump firmó una nueva orden ejecutiva. Esta vez el objetivo es más estrecho.
La orden instruye a las agencias federales a negar documentos de ciudadanía a ciertos niños. Aplica cuando ninguno de los padres es ciudadano estadounidense. Incluye casos donde los padres pertenecen a organizaciones terroristas designadas. También cubre a empleados de gobiernos extranjeros. Y a quienes participan en fraude para obtener la ciudadanía por nacimiento.
Expertos de tres organizaciones de derecha respaldan la maniobra. Son el Manhattan Institute, America First Legal y America First Policy Institute. Coinciden en algo: esta orden es más angosta que la primera. Y se apoya en excepciones históricas al derecho de ciudadanía por nacimiento.
Chad Mizelle lo explica sin rodeos. Fue jefe de gabinete del Departamento de Justicia. Hoy es senior fellow en America First Policy Institute. Según Mizelle, la Corte Suprema reconoce hace mucho excepciones a la 14ª Enmienda. Aplican a hijos de ejércitos invasores. También a hijos de embajadores.
«Cuando tienes a un terrorista aquí, contrario a las leyes de Estados Unidos, buscando hacer daño», dice Mizelle, «eso ha sido reconocido desde siempre como excepción legítima a cualquier reclamo de ciudadanía por nacimiento».
El precedente que invocan es de 1898. Es el caso United States v. Wong Kim Ark. Ahí la Corte reconoció excepciones para hijos de diplomáticos. También para hijos de enemigos nacidos durante ocupación hostil. La nueva orden de Trump argumenta algo puntual. Sostiene que los miembros de organizaciones terroristas extranjeras caben dentro de esa excepción de «enemigo».
El mensaje de fondo es simple. La Casa Blanca no abandonó la batalla por la ciudadanía por nacimiento. Solo cambió de arma. En lugar de una orden amplia y vulnerable, apuesta por categorías estrechas. Terroristas, agentes extranjeros, fraude documental. Son casos donde la excepción histórica ya existe en la jurisprudencia.
Eso no es capricho. La Corte ya dejó claro los límites. Trump y su equipo legal parecen haber tomado nota. Que no te lo cuenten como un simple revés. El relato de la derrota total se cayó solo en cuanto se leyó la letra fina de la nueva orden.
La pregunta que queda abierta es judicial, no política. ¿Aguantará esta versión más quirúrgica el escrutinio de los tribunales? Los abogados conservadores creen que sí. El resto de Washington, como siempre, esperará a que hable un juez.


