Donald Trump volvió a defender su política exterior más dura citando un ejemplo que, según él, sus críticos prefieren ignorar: la operación militar en Venezuela. Lo hizo en una entrevista con Trey Gowdy transmitida el domingo en Sunday Night on America, donde vinculó ese episodio con la actual confrontación con Irán.
«Quieren que nuestro país pierda la guerra con Irán, lo que no va a pasar porque estamos ganando absolutamente con facilidad. Quieren que nuestro país pierda con Venezuela», afirmó Trump, apuntando directamente contra quienes cuestionan su estrategia.
Según el mandatario, sus detractores esperaban un desenlace desastroso para las fuerzas estadounidenses en Venezuela. «Cuando entramos en Venezuela, esperaban que nos golpearan duramente. Y en cambio, fue uno de los ataques más grandes, más letales y rápidos. Lo ganamos en 48 minutos. Nadie habla nunca de eso», declaró.
Esa misma lógica —fuerza que funciona pese al escepticismo de la casta política y mediática, en palabras de Trump— es la que aplicó al caso iraní. El presidente planteó el dilema en términos simples: nadie, dice, está dispuesto a aceptar públicamente que Irán tenga un arma nuclear. «¿Creen que está bien que Irán tenga un arma nuclear? Un arma nuclear es una destrucción masiva. Tomen lo que ven y multiplíquenlo por 100. Y todos dicen que no», sostuvo.
Trump añadió que incluso interlocutores que lo confrontan políticamente coinciden con él en ese punto puntual. «He tenido personas del otro lado debatiendo conmigo sobre esa cuestión. La mayoría está absolutamente de acuerdo con ello», dijo.
El cierre de su argumento fue explícito: quienes se opusieron a la acción en Venezuela son, para Trump, los mismos que ahora cuestionan su firmeza frente a Teherán. «Pero también estaban en contra de esto. Y todo lo que digo es: ¿está bien que Irán tenga un arma nuclear? Nunca he tenido a nadie que diga que sí. Y tan pronto como dicen que no, no está bien. Dije: bueno, entonces tengo razón», remató.
El relato que Trump construye es simple y funciona como arma retórica: si nadie defiende en voz alta que Irán tenga la bomba, entonces la posición dura queda validada por default, sin necesidad de más debate. Es la misma jugada que usó con Venezuela, donde convirtió una operación militar en prueba irrefutable de que la firmeza rinde resultados, frente a un coro de críticos que —según él— prefieren el fracaso ajeno antes que admitir que se equivocaron.
Que no te lo cuenten como una anécdota más de entrevista: es la doctrina que Trump repite cada vez que lo acusan de belicista. Actuar rápido, ganar rápido, y dejar que el silencio de los críticos hable por sí solo.


