Mientras los padres de Fresno, California, ven desaparecer las excursiones escolares de sus hijos, la funcionaria que dirige el distrito colecciona un cheque que haría sonrojar a cualquier contribuyente.
La superintendente de Fresno Unified, Mao Misty Her, tiene un salario base reportado de 386.045 dólares, más 87.117 dólares en beneficios y 40.563 dólares en «otros pagos», según Transparent California. El total: 513.725 dólares anuales.
La cifra no ocurre en el vacío. Fresno Unified enfrenta un déficit proyectado de 88 millones de dólares para el próximo año, un salto del 49% respecto a la proyección de febrero. El distrito, con unos 70.163 estudiantes, ya avanzó con despidos y un proceso de «bumping» que dejará a casi 200 empleados clasificados con notificaciones finales de despido, reubicación o reducción de puesto.
El distrito también confirmó que elimina las excursiones escolares de TK a sexto grado y los campamentos de sexto grado como parte de los recortes presupuestarios. Se trata de 2,2 millones de dólares en viajes de enriquecimiento financiados centralmente, que afectaban a unos 40.000 estudiantes. Entre lo que queda en la lista de recortes: visitas al huerto de calabazas, a la Feria de Fresno y al acuario de Monterey Bay.
Para comparar la magnitud del contraste, Elk Grove Unified, con aproximadamente 65.483 estudiantes —una cifra similar—, paga a su superintendente David Reilly un salario base de 352.365 dólares más beneficios, según el Sacramento Bee. Es decir, más de 30.000 dólares menos de base que en Fresno, por un distrito de tamaño comparable.
El distrito de Fresno respondió a la controversia insistiendo en que no está «eliminando todos los viajes de campo», sino reduciendo un «subsidio centralizado» porque «el financiamiento que lo sostenía ya no está disponible». La distinción no ha calmado a los padres: en redes sociales, la cifra del salario de Her se volvió viral, con usuarios señalando que «el financiamiento escolar se ha ido a los administradores, no a los maestros» y que la situación equivale a «robarle el futuro a los niños».
El relato de la «austeridad» se cae solo cuando se pone al lado el número exacto de quién decide los recortes y cuánto cobra por decidirlos. Ningún comunicado de prensa explica por qué un distrito que no puede pagar un campamento de sexto grado sí puede pagar medio millón de dólares a una sola funcionaria.
Este es el patrón de la burocracia estatal en su forma más pura: el dinero de los contribuyentes se administra hacia arriba, protegiendo salarios ejecutivos, mientras el ajuste siempre golpea primero a los de abajo —maestros, empleados clasificados, y sobre todo, los niños que ya no verán un acuario ni una fogata de campamento. La próxima vez que un distrito escolar pida más impuestos alegando crisis presupuestaria, esta cifra debería ser la primera pregunta en la junta escolar.


