Alberto Núñez Feijóo anunció que su partido exigiría la comparecencia de la directora del CNI, Esperanza Casteleiro, en el Senado. Quiere que aclare las discrepancias del Gobierno sobre los avisos previos de inteligencia. Esos informes, según la oposición, habrían anticipado la llegada masiva de migrantes a Ceuta a finales de julio.
El PSOE respondió el mismo sábado. Su portavoz en el Senado, Juan Espadas, afirmó que la directora del CNI no puede comparecer ante esa Cámara. Según la normativa vigente, solo puede hacerlo ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso.
Espadas recordó un dato clave. Fue Vox, no el PP, quien pidió el viernes esa comparecencia en el Senado. La Mesa del Senado rechazó la solicitud «por unanimidad», según explicó el propio Espadas.
Con ese argumento, Espadas acusó a Feijóo de querer «hacer de líder de la extrema derecha» en España. Le atribuyó «incompetencia, mala fe o ignorancia». La portavoz socialista Montse Mínguez sumó su propio golpe en la red social X: «Tiene mayoría absoluta en el Senado. Lo que no tiene es idea de nada. Y así con todo».
Que no te lo cuenten como un simple choque de trámites parlamentarios. El PSOE tiene mayoría absoluta en el Senado y la usó para tumbar por unanimidad una petición de control sobre el CNI. Después, en vez de explicar por qué la directora del servicio de inteligencia no puede dar cuentas ante la Cámara Alta, prefirió gastar el sábado insultando al líder de la oposición.
El tecnicismo legal puede ser cierto. Pero la crisis de Ceuta sigue sin una respuesta clara sobre quién sabía qué y cuándo. Mientras el debate se reduce a quién es más de extrema derecha, el Gobierno gana tiempo. Y el ciudadano se queda sin la explicación que pidió, en un principio, la propia oposición parlamentaria.



